EL MINERO
Son las seis de la mañana en la mina; Marcelo Fernandez, bajo tierra, añora la luz del sol.
Ahí abajo, nunca se sabe si es de día o de noche: siempre está oscuro. Piensa en su joven esposa Alejandra Landre (ahora de Fernandez) y en su hijita de tres años; ellas valen el sacrificio, además solo faltan quince minutos para que termine su jornada.
Aguza el oído para oír la sirena de salida, no la oye; claro, aún faltan doce minutos. Sin embargo, percibe un sonido, nuna lo había oído pero le recuerda algo.... ese sonido tan grave.
Ese dolor, ¿Qué pasó? No recuerda cuando se durmió; intenta levantarse pero no puede... solo entonces comprende... la mina, se derrumbó.
¿Cuánto tiempo pasó? ¿Su reloj funciona? Sí, han pasado dos horas.
No se puede mover, está aprisionado por las rocas.
Pero debe conservar la calma, todos saben que está ahí, los muchachos y el sindicato no lo van a dejar. Recuerda a su joven esposa (¿Le habrán avisado ya?), cuanto la ama.
No debe preocuparse, ya sabe lo que harán; primero con taladro llegarán hasta él para proporcionarle aire, luego un boquete para darle alimentos y finalmente con tiempo y con cuidado lo liberarán.
Como extraña a su esposa y a su hijita, pronto las verá, cuando vuelva su hija quizá le dé otro de sus dibujos.
Pronto lo sacarán. ¿Qué es eso? Ya se oye el taladro, ¡Vienen a buscarlo! Vienen a buscarlo, se escuchan voces. Reconoce entre ellas la de su mejor amigo, primero en la línea de trabajo para rescatarlo.
Otra vez verá la luz del sol, además le darán vacaciones, al final no le salió tan mal. El taladro se encuentra muy cerca, es sólo cuestión de minutos, puede sentirse la vibracion de la piedra.
¡El taladro atravesó la pared! Todos festejaron, pero Marcelo no festejó; no pudo pues ni siquiera percibió cuando el taladro le perforó la espalda. Solo escupió sangre mientras seguía pensando en su hijita y en su esposa.
Que ya no vería nunca